miércoles, enero 03, 2018

EN LA HUELLA DEL PADRE BERTHIER





En la Huella del Padre Berthier.
El Padre Juan Bergenhenegouwen opina (en el año 1978)

Con la celebración del aniversario de cuarenta años de la Congregación en Chile tiene mucho sentido examinar en qué grado el trabajo cumplido responde a la espiritualidad del Padre Berthier. Por medio de la Congregación somos hijos espirituales suyos.  Pero después de un par de generaciones los descendientes en lo general piensan poco en sus antepasados y apenas saben cómo eran y cómo se veían. Sin embargo, en su apariencia, en su manera de actuar  y pensar,  siempre guardan algo de sus antepasados y  disponen de una parte de herencia, de la cual no se dan cuenta.
Ahora nos preguntamos si en nuestro apostolado en Chile podemos indicar algunas características que manifiestan una coherencia  con los conceptos y actuaciones del   Padre Berthier. 

Cada orden o congregación religiosa ha tenido, aparte de la finalidad común de la santificación propia, objetivos exclusivos y propios, que en general,  explican el inicio de su fundación. Fueron el resultado de deficiencias de tipo material o espiritual dentro de la vida concreta, a las cuales se había dedicado demasiado poca atención.  En la búsqueda de soluciones y el compromiso para lograr una situación más favorable,  siempre alguien tomó la iniciativa,  que fue seguido por otros que compartían las mismas inquietudes y que se juntaron por este motivo. En nuestra congregación esta persona fue el Padre Berthier.

El Padre Berthier tenía un proyecto propio, que en su tiempo  fue muy particular y que mostró gran diferencia  con los de otros institutos religiosos y que consistía en acoger a las vocaciones tardías.  Él fue el único que se ocupaba de esto. Los proyectos especiales de cada comunidad religiosa siempre han sido  visibles con claridad en los comienzos de la fundación. Eran concretos y tenían vitalidad. En tiempos posteriores estos objetivos visibles, a menudo, desaparecieron. Esto también fue el caso con el objetivo (finalidad, programa, misión) del Padre Berthier. Después de un tiempo fueron muchos los órdenes y congregaciones que acogieron vocaciones tardías, incluso hasta los seminarios diocesanos. Se puede afirmar que con esto siguieron el ejemplo del Padre Berthier.

En la actualidad la vida de los institutos religiosos está igualada de tal forma, que,  a primera vista,  aparecen  pocas diferencias. Los objetivos originales desaparecieron, pero permanecieron con vida los institutos.  En el curso de los años se incorporaron nuevas necesidades a su vida y sus programas de trabajo.  A menudo  se trabaja en estas necesidades en un mayor número de institutos existentes o en todos. Por esto no es rara la pregunta, ¿por qué tienen que seguir existiendo las diferentes congregaciones, si hacen el mismo trabajo? Dejamos al lado la pregunta si realmente no exista una diferencia entre ellos que justificaría una existencia por separados.
Lo que en nuestro tiempo se manifiesta cada vez más  se podría resumir en las siguientes palabras: el progreso del hombre común, para quien en tiempos pasados prácticamente no hubo  progreso posible, ahora figura como una necesidad prioritaria, en que antiguamente ni siquiera se pensaba.  
El objetivo que en un comienzo el Padre Berthier dio a su congregación, ya se encontró en esta área,  aunque más en un plano espiritual que material.  A las personas que en aquel tiempo no pudieron hacerse sacerdote,  él quiso darles una oportunidad.  Fue un objetivo de carácter religioso social: la formación de sacerdotes que debían asumir ser pastores en la Iglesia, de modo que la gente pudiera convertirse en buenos ciudadanos del Reino de Dios
Cuando el Padre Berthier comenzó a pensar en este tema, la necesidad ya existía por largo tiempo. En el curso de toda la historia siempre había personas provistas de suficientes y a veces grandes aptitudes  para el sacerdocio, sin embargo, su vocación se perdía por causa de que no tenían la oportunidad de desarrollarla. Se puede decir, que en este tema el Padre Berthier ya tenía un concepto de tipo democrático.
En el siglo pasado lentamente creció la conciencia de la existencia de este problema que se presentaba en todos los planos de vida, que consistía en que los valores  y capacidades humanas no dependen de un status social determinado o de bienestar económico.  Y esto no solo vale para lo terrenal y material, sino también para lo religioso. De eso se dio cuenta el Padre Berthier. La misma tendencia se puede observar en la sociedad holandesa del siglo pasado. Mientras una figura de Schaepman empezó a moverse  en favor de la emancipación política de los católicos, (que en aquel tiempo eran considerados como incapaces para actividades políticas) y el sacerdote Ariens se movió en el área social para llevar a los trabajadores  hacia una existencia mejor y más humana, el Padre Berthier empezó a seguir una misma línea en el plano religiosos: el sacerdocio para aquellos que eran considerados incapacitados.
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El Padre Berthier se encontraba con gente joven que quería ser sacerdote, pero cuya vocación estaba en peligro de perderse por causa de opiniones comunes y situaciones sociales.  Fueron aquellas personas  que eran consideradas como demasiado avanzadas en edad o a quienes les faltaban los medios para costear los estudios. No pocas veces estas dos realidades eran consideradas como señales desde el Cielo, que indicaban que tales jóvenes no eran  llamados para el sacerdocio. Si tocaron la puerta de una casa de formación sacerdotal se les comunicó que su avanzada edad era un obstáculo, y si creían sentirse  atraídos a la vida religiosa, se les aconsejó hacerse hermano religioso. Conocida es la figura de Pedro Donders que siguió insistiendo tanto hasta que fue aceptado para pelar papas; en su tiempo libre restante podría dedicarse un poco al estudio. ..
Cuando el Padre Berthier comenzó su obra en Grave disponía de la aprobación eclesiástica pero, de todas formas, procedió abiertamente en contra de la opinión generalizada de que solamente niños que  recientemente  habían terminado  la enseñanza básica  y que no provinieran de las clases sociales bajas, fueran aptos para hacerse sacerdotes.  Uno debía ser de buena situación económica  y tener vocación desde los años de infancia.  Por lo tanto, no existía comprensión para los planes del Padre Berthier. El comenzó porque vio algo, donde  otros no veían nada. El vio en material humana, que había sido descartado por otros, buenas posibilidades  para el sacerdocio. En tiempos posteriores no solo  se siguió el ejemplo del Padre Berthier, sino,  ahora 80 años más tarde, propiamente  no se cree, que un niño de 12 años ya pueda tener vocación para el sacerdocio. Ahora se dice que tal niño es muy joven aún,  que tiene que esperar algún tiempo y conocer un poco la vida y que siempre queda tiempo suficiente si permanece con su propósito. El Padre Berthier se mostró bien adelantado en su tiempo.

Hemos dicho anteriormente que el Padre Trampe se adelantó en el tiempo, si  se da un vistazo, a las parroquias por las cuales optó,  en la luz del apostolado contemporáneo entre las clases marginales. Claramente con eso anduvo en la huella del Padre Berthier  y cuando nosotros ahora siempre aún sigamos en la misma línea, significa que andamos en buena pista, aunque no somos  los únicos. No se puede negar que el Padre Berthier  mostraba mucha audacia y empezaba a cumplir  tareas arriesgadas, cuando veía el valor de estas. Pero realmente eran proyectos aventurados que en personas ajenas no produjeron   admiración, sino lástima.
De la misma manera algunas personas ajenas pensaban sobre nuestro compromiso para el apostolado en Chile.  En Yerbas Buenas pasó una vez un sacerdote de Santiago. Cuando oyó como nosotros directamente desde Holanda habíamos venido por estos lados, sin haber visto algo de Santiago, quedó desconcertado  y dijo: “Ustedes habrán  pensado que en Chile todos son  indios todavía”.
Cuando el Padre Berthier obtenía mucha admiración, esta se producía por su espíritu de perseverancia, por la pobreza en que se vivía en Grave y por su optimismo, que no decrecía cuando, en los primeros años,  aún observaba  muy pocos frutos de su trabajo. Quizás en esto hemos seguido también en algo  la huella de Berthier.

La Congregación ha obtenido un sello nítido del espíritu fuerte del Padre Berthier.  Gracias a esto se puede comprender por qué los comienzos de nuestro trabajo pastoral en Chile tomaron esta forma.  La tendencia de la Congregación en Chile ha consistido en atender, con cierta preferencia, a los lugares apartados, a las clases pobres del pueblo y hasta a las personas descartadas o sea, aquellos que por parte de otros reciban poco aprecio.  Nuestra manera de comenzar significó para muchos sepultarse en la anonimidad, sin posibilidades de aprecio pos parte de personajes y clases altas Influyentes. También en eso seguimos  la huella del Padre Berthier.                                    (Trad. Gaspar)    

sábado, diciembre 30, 2017

IR A LOS QUE ESTÁN LEJOS



“Ir a Aquellos Que Están Lejos”.
El Padre Juan escribe:

A veces entre nosotros se escuchan comentarios en los cuales se cuestiona el hecho de que la Congregación empezó su misión en lugares tan apartados entre sí. La causa y las razones ya han sido explicadas en páginas anteriores.
Primero hay que observar que la congregación no había llegado a Chile y asumido parroquias por propia iniciativa, pero que ha atendido solicitudes de algunos obispos   chilenos.                                                                               También a veces se escuchan voces que dicen, que los obispos solo ofrecieron parroquias pobres y lejanos.  Y ¿Por qué no parroquias de mejores condiciones dentro de alguna ciudad? A veces se dice: sería mejor que los obispos pasen las parroquias campesinas y pobres a sacerdotes diocesanos, ya que ellos están más acostumbrados a esta vida.               
                                          Las provincias chilenas generalmente no cuentan con grandes ciudades y tampoco con pueblos extensos. Posiblemente sería una petición algo exagerada si exijamos a los obispos que retiren a sacerdotes del país de las parroquias de ciudades para entregarlas a extranjeros. Durante el primer retiro espiritual de Talca, que fue presidida por el obispo mismo, él manifestó su preocupación por la gente en los sectores rurales que a menudo queda privada de todos cuidados pastorales. En una oportunidad escuché un comentario de que el obispo de Talca no mostrara mucho afecto por nuestros padres allí.  No sé hasta dónde sea de verdad. Si es cierto, podría ser por el hecho de que las parroquias de Cumpeo y de Paredones, que se encontraron sin sacerdote, no fueron tomados en cuenta por nosotros para pedir en lugar de esto una parroquia dentro de la ciudad.
La idea de que los padres quedaran en Chile, en lo posible, en cercanía los unos con los otros, no existía de ninguna manera donde la Dirección General. Tampoco entre nosotros. A pesar de que no tuvimos una idea clara de las distancias enormes, sabíamos de ante mano que íbamos a vivir muy lejos los unos de los otros. Venimos a Chile para trabajar pastoralmente aquí y cuando ya llegamos a formar un grupo considerable, era obvio, que en nuestro trabajo íbamos a estar separados a grandes distancias.  En el caso de que hubiéramos llegado a Chile para establecer la Congregación, independientemente de solicitudes episcopales, sin duda habríamos comenzado en forma totalmente diferente.
Hubo cuatro obispos que nos pidieron servicios pastorales. Después de la guerra mundial solo se ha agregado la diócesis de La Serena, ya que allí asumió como obispo, monseñor Alfredo Cifuentes, el cual en 1938 nos había solicitado para la diócesis de Antofagasta.
  
La archidiócesis de Santiago no necesita pedir sacerdotes extranjeros, ellos vienen por si solos. Cada congregación que comienza a trabajar pastoralmente en alguna parte de Chile, pronto, en algún momento, busca una casa o parroquia en la Capital. Pocas veces este proceso se revierte. De la misma manera nuestra congregación comenzó su estadía en Santiago para tener allí una casa central con el fin de prestar apoyo a aquellos que trabajan lejos en las provincias.
Más tarde había otros obispos que pidieron sacerdotes a la congregación, pero no pudimos atender a sus pedidos, a causa del número reducido de personas disponibles. Si pudiéramos ofrecer más sacerdotes a todas las diócesis de provincias, sin duda, ellos serían recibidos con brazos abiertos, mientras que Santiago probablemente no haría poco o ningún esfuerzo para esto.                                                                                                                                 Si hubiéramos comenzado en Santiago, esto habría impedido ir más tarde a otros lugares. Lo que pasa actualmente en Chile en este punto y, sobre todo, en Santiago lo muestra con claridad. En algunos lugares a veces todavía se acepta una parroquia en el campo, pero estos siguen siendo casos poco frecuentes.  
La intención del Superior General al comenzar una misión en Chile consistía precisamente en buscar lugares lejanos, apartados y pobres. No solo era un proyecto para padres que tenían un carisma especial.  sino para todos que llegaron a Chile. Cuando llegamos a Chile no se preveía de ninguna manera una disminución del número de vocaciones sacerdotales en el futuro.  Existía la seguridad de que continuamente en el futuro iban a llegar nuevos sacerdotes. Si esto hubiese sido el caso, la congregación habría tenido realmente una ampliación más marcada, que es el caso ahora. El crecimiento de la congregación en Chile no habría consistido solo en la aceptación de un mayor número de parroquias en un mayor número de diócesis, sino también en la búsqueda de otros campos de trabajo pastoral. Varias veces hemos conversado sobre la posibilidad de traer desde la Provincia Holandesa una persona formada en la universidad con el fin de comenzar una tarea apostólica en una universidad chilena.
En el caso de que en el futuro nuestro grupo no sea reforzado (nadie podrá predecir el futuro) es legítimo decir, que la Congregación ha brindado una misión meritoria al haber quedada fiel al concepto fundamental con que llegó a Chile, para dedicarse al progreso religioso y social entre aquellas clases del pueblo, a las cuales se prestaba poca atención hasta poco tiempo atrás. En la actualidad hay un interés renovado para trabajar en nuestra Capital entre las clases sociales marginadas. Nosotros ya en 1938 comenzamos con esto, no en la ciudad, sino en localidades apartados del campo. Hasta el día de hoy, a muchos le da temor de ir a tales lugares. aunque existe una motivación social y religiosa cada vez mayor. Sin pecar de orgullo indiscreto sobre el trabajo de la congregación, nos está permitido decir, que la idea de trabajar en lugares apartados y pobres, voluntariamente o involuntariamente, llevamos la delantera con respecto a las ideas de muchos contemporáneos.
Parece justificada la pregunta, si el Padre General, cuarenta años atrás, no tuviera interés de asegurar para la congregación una presencia más imponente, que la que tiene ahora. Otras congregaciones llaman la atención dentro de la sociedad por la proveniencia de sus miembros, por sus colegios, y por otro trabajo a un nivel cultural superior que el de la gente común. Así dijo, años atrás, el embajador holandés en Chile, quien no se sentía muy atraído por nuestra congregación, que entre nosotros no había figuras prominentes que se movían entre las clases pudientes. El mismo se sentía más encantado por conciudadanos que se movían sin problemas en lugares más llamativos.  
Nosotros comenzamos a trabajar entre los campesinos de pueblos de condiciones pobres y en barrios de la ciudad, que no tenían buena fama según un criterio social, sin contactos con clases de barrios altos. Nos sumergimos en la anonimidad con la apariencia exterior de una congregación, que mantiene poca influencia. Son, sobre todo, la gente de las ciudades que se dejan impresionar por la fama. Gente sencilla y, menos aún los obreros campesinos, la dan poca importancia. Esta gente estima al sacerdote, cuando quiere ayudar sin interés propio en todas sus necesidades y sobre todo en el terreno religioso. Cuando el Padre General aceptó las primeras parroquias, no fue su intención que la Congregación obtuviera un nombre de prestigio y, menos aún, un nombre basado en valores comunes de la sociedad.
Durante una visita mía a una familia en la conversación se tocó el tema de las congregaciones religiosas. También fueron mencionados los Jesuitas. Entonces una de las personas del grupo dijo, dejando manifiesta su admiración por ellos: los Jesuitas conforman las fuerzas armadas de La Iglesia, son personas importantes. Aunque no lo dijo con tantas palabras, de todas maneras, dio a conocer como su opinión, de que ningún sacerdote y ninguna otra congregación puede compararse con los Jesuitas. Solo por este nombre uno era considerado como una persona eminente. Y tales padres no van a trabajar así no más en una parroquia pequeña en el campo; ellos están destinados para cosas más grandes. Nuestra congregación buscaba, en cambio, lugares insignificantes y sin prestigio.
Cuando nosotros comenzamos a trabajar en Chile, no fuimos los únicos que trabajaban en lugares apartadas. La mayor parte de los sacerdotes en las diócesis rurales son párrocos campesinos. Nosotros éramos como algunos entre muchos y ellos en sus parroquias muchas veces están más pobres y solitarios que nosotros. Por parte de uno de estos párrocos escuché una vez, cuando hablamos de aquella soledad, que dijo: ustedes como religiosos siempre aún tienen el apoyo moral de la congregación detrás de ustedes, nosotros, sacerdotes diocesanos, estamos mucho más solos. Quizás se podría decir, que esto era su destino, su suerte. Generalmente provenían del mismo ambiente. El grado más alto que podían alcanzar, consistía en ser párroco de una parroquia campesina. Nosotros, en cambio, habíamos venido desde el otro lado del mundo, para trabajar precisamente en aquellos lugares.
Ahora recuerdo una conversación con un miembro de la tripulación del barco sueco, con el cual llegamos a Chile. Era de nacionalidad sueca y trabajaba de sirviente en la cocina. Cuando supo que éramos sacerdotes católicos de viaje a Chile, para quedarse allí por motivos puramente religiosos, le pareció totalmente incompresible. El mismo era luterano y se notó que la religión era de mucha significación para él. Quería saber más de nosotros. Al final dijo: “El Papa en Roma debe tener mucho poder e influencia, para que pueda mandar a las personas de un país al otro para quedarse viviendo allí en medio de un pueblo desconocido y esto solo por motivos religiosos y que, además, esto es aceptado y realizado como algo sin discusión”.
Si ahora en la pastoral se nota una tendencia fuerte, sobre todo, en las ciudades, (especialmente en Santiago) para trabajar con preferencia entre las clases más pobres, (incluso los obispos dan el ejemplo), esto sería una clara señal de que en tiempos pasados se dio demasiado poca atención al asunto. Es una señal positiva. Pero este esfuerzo resulta reservado aún para las ciudades grandes y las parroquias campesinas todavía quedan en deudo.

¿Cómo se explica que la Superioridad General aceptó un campo de trabajo de este tipo? ¿Fueron circunstancias casuales?  ¿Fue atrevimiento? ¿Fue falta de visión?  ¿O fue justamente una mirada previsora genial?                                 Nos han traído varias razones.  Pero en primer lugar y con toda seguridad se puede afirmar, que en todo esto se manifestó el espíritu del Padre Berthier, Un espíritu que como una herencia se transfirió a sus seguidores.  Sobre todo, en las primeras generaciones de la Congregación era muy manifiesta su espiritualidad entre los miembros. Andaban en la huella del Padre Berthier.                              (Trad. Gaspar)

miércoles, diciembre 27, 2017

Domingo 4 de Adviento, Año B. -PADRE GASPAR




Domingo 4 de Adviento, Año B. Evangelio: Lucas 1, 26-38. (El Ángel anunció a María a no tener miedo y de asumir una misión que cumplir)

Muchas veces Dios manda a un ángel para anunciar lo que Él espera de una persona. Tal como lo hizo al mandar al ángel Gabriel a María. Espera un Si a su propuesta

1.- Un ángel es alguien que trae mensajes de Dios. Lo vemos en muchos relatos de la Santa Biblia. No siempre se ve el ángel en la figura de una persona, pero muchas veces se oye la voz de un ángel y se percibe su presencia por media de una luz o algo semejante.

2.- Pienso que, aparte de la Virgen, innumerables personas también han recibido un mensaje por parte de Dios en que se le encargó una misión. para cumplir en su vida. Es que el Señor para cada persona piensa en una misión muy específica, que esta persona debería cumplir para representar la bondad de Él en el mundo y de crear el mundo nuevo que Él se ha soñado

3. Y muchos han dicho que Sí igual que le Virgen; “Si Señor, hágase según tu voluntad”. Lo vemos en la vida de los santos: San Pablo, San Alberto Hurtado y mucha gente que han pasado por nuestra vida.

4.-¿Y nosotros? Pienso que cada uno de nosotros, en algún momento, se da cuenta de que Dios le entrega una misión especial, una responsabilidad grande. Probablemente el ángel no se ve, pero igual el mensaje llega. He visto a gente que dijeron que Sí al convertirse en personas, dispuestas a trabajar en bien de los demás, un buen médico, un profesor, una madre de familia, un pastor, un empresario honrado…

5.- A menudo Dios manda su ángel para decir a una persona: “El Señor necesita a un hombre que considera a todos los demás como sus hermanos e hijos. Que los reúne a todos para indicarles el camino hacia Mí. Que habla bien de Mí”.                                                 Es que Dios lo necesita como sacerdote… No todos dicen que Sí, como la Virgen...

6,- Es bueno pensar, sobre todo en este tiempo de Navidad, en el cual contemplamos el pesebre con el niño y los ángeles que vuelan por encima de los campos de Belén. Quizás andan con algún mensaje para mí, que consista en una misión específica. que me hace vivir plenamente, si digo que Sí al Señor como lo hizo la Virgen.…                          (Gaspar)                                                    



martes, diciembre 26, 2017

La Inmaculada Concepción de María.


La Inmaculada Concepción de María.

Es algo muy grande, maravilloso, misterioso lo que pasó cerca de Jerusalén entre San Joaquín y Santa Ana. La Biblia no dice nada directamente. No habla principalmente de acontecimientos históricos, sino sobre lo que Dios hace en el interior de los hombres en su relación con Él. 
                                                                                                                                  Las leyendas hablan de una pareja de santos ancianos, los abuelos de Jesucristo.  Su única hija María cumple tres años. La llevan al templo para que sea educada en la fe por medio de las Escrituras y la oración. Después Dios la lleva de a poco a una Vida de Dedicación como Virgen a Él y a una santa amiga, con José de Nazaret. Ya sintió que Dios había hecho grandes cosas en Ella. Es difícil describirla, una felicidad tan grande. Es algo de los comienzos del Paraíso terrenal;  desde el primer instante de su vida  vivir tan cerca de Dios, sin ningún pecado en pensamientos, palabras, obras y omisión, oyendo los pasos del Señor por el jardín, que la llama por su nombre: “María, ¿dónde estás ahora? Déjame ver tu rostro. ¿Quieres hacerte madre de mi Hijo? Alégrate, eres llena de gracia. No temas. Yo estoy contigo. Jesús tu Hijo será grande, Hijo del Altísimo. Tú te concebiste pura e inmaculada por un favor especial del Salvador. Tu Hijo reinará sobre mi Pueblo Elegido para siempre. Y Tú junto al Rey y Salvador, vas a aplastar la cabeza del enemigo de mi Pueblo como lo hizo la Judith.                                                                                               También la Concepción y el Nacimiento de tu Hijo será un gran milagro. Tú te quedas Virgen, totalmente consagrada a Mí. Con ser madre de Jesús y de todos los hombres, no perderás tu virginidad, serás totalmente Mía, mi Esclava porque el Espíritu Santo te cubrirá con su sombra. Al mismo tiempo serás con José y con Jesús mi verdadera Sagrada Familia. Y toda mi Iglesia de hermanos y discípulos de Jesús, serán concebidos y nacidos de nuevo por el Bautismo y recuperarán su vida sin pecados por la Confesión, todo eso por obra del Espíritu Santo”.                                                                                                    
Celebremos con María todos estos hechos  con agradecimiento a Dios y mucho amor a María como sus Hijos consagrados a Él por intermedio de María la Madre.                                      (Homilía del P. Santiago)


HOMILIA DE PADRE SANTIAGO HANDGRAAF 2O17


Adv. 4º Dom, (Nazaret Matrimonio Santo)


Nuestro Dios en Quien creemos no es una sola Persona, son tres: la Santísima Trinidad de Padre, Hijo y Espíritu Santo. Dios es como una familia, una comunidad bien unida, que brota desde toda la eternidad. Para salvar a sus criaturas de un gran fracaso, Dios quiere hacerse Hombre en medio de nosotros. Quiere revelarse no como una sola Persona: por ejemplo como un Profeta o como un Jesús Crucificado saliendo Vivo del sepulcro o solo como un Maestro de sus discípulos, sino como Hijo de Dios en medio de una Familia, muy importante para Dios, para ser en Su Encarnación plenamente un Dios con nosotros. Así lo anunció Isaías: “Una Mujer embarazada dará a luz un Hijo Emanuel” que significa Dios con nosotros”. Así se nos presenta la fe de la Iglesia. En la liturgia cerca de la fiesta de Navidad. La Joven es la Virgen María. En el Evangelio contemplamos  su hermosa Familia de Nazaret. Es una Familia realmente maravillosa, admirable, misterio de la Encarnación de Dios en la humanidad. El Evangelio empieza a decir que habrá algo entre María y José, un hombre justo, lo que significa en la Biblia: “Santo”.  Hay un compromiso santo y respetuoso de mucho amor a esa joven., la Purísima, hermosa, embarazada, llena del Espíritu de Jesús. Primero pensaba abandonarla en secreto, hacerse a un lado en este acontecimiento. Pero en un sueño de Paz y Felicidad descubrió inmediatamente que no podía causar esta tristeza a Su Amada. Bajo ningún motivo quería denunciarla y tomó sobre sí el papel que le correspondía y según la palabra del Ángel Llegó a María con mucha alegría a su casa. El Espíritu Santo había descendido sobre Ella y el Poder del Altísimo la había cubierto bajo su sombra. Jesús se había hecho Carne por Obra del Espíritu Santo. La Sagrada familia de Nazaret y Belén era una verdadera Familia, divina y humana. Era como un matrimonio entre religiosos, un matrimonio espiritual, en el espíritu Santo, el gran Personaje  en nuestros pesebres, que invisible está presente entre María y José. Se aman en Dios  en Jesús, fruto de su amor en Dios. El Sacramento del matrimonio a los ojos de los creyentes  es un amarse en el Señor, a su pareja y a sus hijos. En ellos ven y aman al Señor mismo. En la fiesta de Navidad, las familias Cristianas celebramos ese encuentro con el Señor. Jesús resuelve a estar presente en una nueva aparición en medio de nosotros. Para toda la importancia en ese lado del matrimonio, escribe Pablo con cierta reserva (1 Cor. 7 ): Los que están casados vivan como no tuvieran esposa. El hombre sin casarse se preocupa más de las cosas del Señor y de agradar al Señor. Y la joven que no se casa  se preocupa más del Señor y de su servicio . Le consagra su cuerpo y su espíritu y no se preocupa tanto de las cosas del mundo. En el 5 dice Sn Pablo: Amen a sus esposas como Cristo amó a su Iglesia  y se entregó Si mismo  por Ella. El señor quiere que estemos siempre conscientes que nuestra familia no es toda nuestra felicidad, por si sola, sino que es el Lugar, donde Dios quiere nacer y vivir entre nosotros para encontrar nuestra felicidad en El, presente muy de a cerca en la pareja y los hijos.   

  (Homilía de Padre Santiago)

sábado, diciembre 16, 2017

COLEGIOS PARROQUIALES



                Colegios Parroquiales.
El P. Juan escribe:
Cuando llegamos a Chile solo pocas parroquias contaron con un colegio propio. Existían algunos gracias a un legado. Pero generalmente sufrían una existencia precaria a causa de la escasez de recursos para su mantención o extensión. Sin embargo, hasta en los lugares más remotos, se encontraron escuelas públicas, aunque muchas veces de condiciones pobres. Por lo menos existía la oportunidad para los padres para que sus niños aprendieran leer y escribir. Estas escuelas eran todas estatales. También en localidades muy apartadas el Estado abría escuelas pequeñas y dio estímulos a profesores para dar clases en ellas al aumentar su salario con un aporte complementario por asignación de zona y al ofrecerles, después de un determinado número de años de servicios, un puesto de trabajo dentro de una localidad más favorable.
Cuando se quería comenzar con un colegio particular no fue difícil conseguir el permiso. Sin embargo, su realización fue sumamente difícil por la falta de subvención y la rivalidad por parte de escuelas estatales. En tiempo del presidente Gabriel González Videla (1946 – 1952) se dictó una ley educacional que proporcionaba subvención a escuelas particulares, siempre si respondieran a las exigencias por parte del Estado. Se determinó que la subvención consistiría en la mitad de lo que el Estado gastaba en cada alumno de la escuela pública. Esta subvención iba a ser cancelado en un solo pago al final del año escolar. La subvención iba a ser calculada de acuerdo con el número de alumnos y la totalidad de los días asistidos por cada alumno. Faltar a clases producía consecuencias negativas y era favorable tener clases numerosas. Cuando se conoció la Ley, el Obispo de Puerto Montt invitó a los sacerdotes a examinar las posibilidades de abrir una escuela parroquial. Las primeras impresiones eran favorables. Si se llevara una administración cuidadosa de los fondos, se podría acumular un pequeño capital para días difíciles en el caso que alguna vez la Ley iba a ser suprimida. El obispo nos animó para comenzar un colegio parroquial, donde fuera posible. Debíamos evitar entrar en conflicto con las escuelas públicas y comenzar en aquellos lugares en que existía oportunidad insuficiente para la enseñanza. Más adelante, sin embargo, se comprobó, que muchas ilusiones se hicieron humo a causa de tantas exigencias impuestas por la Ley.
La primara necesidad era un local apropiado. En aquellos lugares donde la parroquia disponía de un salón parroquial, este podría ser utilizado para uno o dos cursos. En Calbuco se comenzó con dos colegios, uno en la localidad de Aguantao y uno en la de El Rosario. En el primer pueblo no existía ninguna escuela aún y en la segunda la escuela pública recién había sido trasladada a otro lugar.                                                                                                                                                        
Puesto que en cada comunidad existía habitualmente una casita junto a la capilla (casa ermita) destinada a las reuniones de los feligreses, existía la posibilidad de iniciar las clases en aquel espacio. La gente de ambas comunidades se entusiasmó bastante. Cuando comenzaron efectivamente con la preparación, la inspección escolar poco a poco empezó a poner más exigencias, por lo cual no todo resultó salir a la manera esperada. Se debía satisfacer a todas condiciones impuestas para poder optar por la subvención. También el personal educativo debía responder a todas las exigencias. Para poder dar clases en escuelas básicas, en aquel tiempo, era suficiente haber cumplido tres años de enseñanza media. Para Aguantao encontramos un exseminarista, que al terminar la enseñanza media había decidido no continuar su propósito. La profesora de El Rosario había cumplido con éxito la enseñanza media. Los colegios empezaron a funcionar con buenos resultados, pero la situación financiera siguió siendo demasiado precaria para poder continuar sin dificultades. Ambos colegios funcionaron por varios años. Después de un tiempo tuvieron que quedar cerrados, entre otros motivos, por el hecho de que los costos eran demasiado altos para la parroquia. La subvención estaba destinada para apoyo, pero fue insuficiente para iniciar un colegio y mantenerlo, puesto que debían ser cancelados los salarios del personal, por el hecho que la subvención llegaba recién al terminar el año escolar y además por el hecho de que, a causa de la inflación continua (La suma de dinero por recibir nunca fue reajustada), se recibió un dinero que solo por parte respondía a los gastos invertidos.
Al mismo tiempo en otras parroquias atendidos por nuestros padres también se dio comienzo a abrir colegios. En “Buen Consejo” se comenzó con un colegio para hombres. La casa parroquial era suficiente espacioso como residencia de los padres, de manera que una parte podía ser usado como colegio. Anteriormente fue construida una pequeña ala adicional, de modo que se obtuvo varias locales de clases. El P. Roberto Hollak tuvo la dirección y fue al mismo tiempo profesor. También se necesitaba personal laico, puesto que solo chilenos podían dar clases de idioma e historia. Este colegió funcionó durante varios años hasta que se hicieron cargo de ellos los Hermanos de la Inmaculada Concepción, cuya congregación fue fundada en de la ciudad de Maastricht, Holanda.
En Talca igualmente se comenzó con dos colegios. Uno junto a la misma parroquia y otro en la localidad de Los Sauces en el camino a San Clemente. Cuando los hermanos (incluso antes que comenzaron en Buen Consejo) aceptaron el primero de ambos colegios, le dieron una ampliación formidable.
También en la parroquia de Coquimbo se inició un colegio.    
                                                                     Cerca de la entrada de La Pampilla existía un terreno con una casa de campo espaciosa. Lo compraron y fue arreglada para servir de colegio. Aquí también, en un comienzo, los padres de la parroquia mismos dieron clases y asumieron la dirección. Después de haber funcionado por varios años, fueron las Hermanas de Santa Marta que tomaron a su cargo el colegio. 
 Abrir colegios tenían una finalidad pastoral. Desde el comienzo los padres estaban convencidos de   que colegios propios harían más eficiente su trabajo pastoral.  Pero por la razón de que nuestra congregación no era una institución educacional y que, por lo tanto, los padres no fueron formados para la educación, siempre fue difícil su realización. Los padres, en primer lugar, estaban destinados para el trabajo parroquial. Donde fuera posible, uno de los padres se dedicaba principalmente con el colegio, pero normalmente el aporte suyo quedó indispensable para el trabajo pastoral restante. Por medio de los colegios se pretendía tener a la juventud más al alcance, a fin de educarla con mayor facilidad en los valores religiosos. Al mismo tiempo existía una conciencia notable de atender con preferencia a los niños más pobres, que de otra manera quedarían privados de una educación escolar. Por el hecho de que no somos una congregación de educación, se buscó contacto con algunas congregaciones de este tipo en Holanda. A Talca y posteriormente a Santiago llegaron los Hermanos de Maastricht, que partiendo de colegios básicos existentes llegaron a constituir complejos educacionales imponentes.        
                                     
Más tarde, en el año 1960, llegaron a Buen Consejo las Hermanas de La Sagrada Familia (Lugar de origen: Baarlo, Holanda). Lo que en un primer momento había sido casa parroquial y colegio de hombres dirigido por los padres, y luego residencia de sacerdotes, casa de los hermanos y colegio de niños dirigido por los hermanos, ahora se convirtió en residencia de las hermanas y colegio para niñas. Bajo la dirección del párroco, el Padre Santiago Bos, en el año 1962 comenzó la construcción de un colegio extenso para las niñas.
A la parroquia de Santa Isabel de Hungría llegaron en los comienzos de los años1960, las Hermanas Franciscanas, originarias de la ciudad de Roosendaal, Holanda. Mientras que vivían en una casa de la población comenzaron ya a dar clases en unos locales pequeños. Al mismo tiempo   se comenzó, con el apoyo eficiente del Padre Simon de Jong, a la construcción del convento y de los colegios de enseñanza básica y media.
A la Parroquia de San José de Llanquihue llegaron las Hermanas de Schijndel (nombre de su ciudad de origen en Holanda). Bajo la dirección del párroco del momento, el P. Juan Reinders, se construyó con dineros facilitados por el Gobierno de los Países Bajos, una escuela técnica destinada para niñas de los pueblos de los alrededores. La residencia de las hermanas forma una unidad con el colegio. Fue el Padre Roberto Hollak a quien le correspondía la administración.
 Él se había dedicado a una misma tarea en Buen consejo y en Coquimbo y para este proyecto fue siempre un apoyo inestimable.
Los Hermanos de Maastricht, Las hermanas de la Sagrada Familia de Baarlo, Las Hermanas Franciscanas de Roosendaal y Las Hermanas de Schijndel fueron cuatro congregaciones que a petición de nuestra congregación llegaron a Chile.  Diferentes padres nuestros, por lo tanto, prestaron un gran aporte apostólico al motivar a otros institutos religiosos a establecerse en Chile.
En la parroquia del Carmen de Tocopilla llegaron Hermanas Norteamericanas. Más tarde, en la Parroquia de San Francisco las mismas hermanas más se hicieron cargo del colegio que nuestros padres ya habían iniciado. 

A Talca llegó la Congregación Italiana de las Hermanas de Santa Marta para establecerse en nuestra parroquia. En una fecha posterior también tomaron a su cargo nuestro colegio de la Parroquia de San Luís de Coquimbo.
Por intermedio del Obispo de Puerto Montt, llegó a Calbuco la Congregación italiana de Hijas de la Divina Providencia para comenzar con un colegio parroquial. El Obispo muchas veces lo había anunciado, pero por fin, en 1952, se convirtió en realidad. Una profesora jubilada, proveniente de la enseñanza pública, Amelia Ojeda de Ditzel, era dueña de un edificio alto y grande, que se encontraba en mal estado. La inspección escolar lo había declarado no apropiado en el tiempo en que anteriormente había funcionado como escuela pública para niñas. Este edificio nos fue regalado para repararlo y para instalar en él un colegio. Cuando estuvieron por llegar las hermanas, hicimos un esfuerzo extraordinario para arreglarlo. Preparamos algunas salas y una parte del edificio fue habilitado como residencia de las monjitas. Recibimos mucha cooperación por parte de la población, pero el cuidado financiero y el desarrollo de las obras de reparación quedaron por cuenta de los padres. Las hermanas fueron recibidas como de fiesta. Fue un desafío grande, puesto que, a su llegada, las hermanas aún tenían que aprender el idioma. Después de dos meses comenzaron las clases. En el primer año se contaba con dos cursos y cada año se agregaba uno más. Había un número más que suficiente de niñas: el primer curso sumaba 100 alumnas , el segundo año algo menos. De las seis hermanas dos se dedicaban al colegio básico. una en el kindergarten y una a la enseñanza de trabajos manuales para las a niñas mayores. Dos profesoras jubiladas ofrecieron a dar gratuitamente las clases que según las normas deberían ser conferidos por personas de nacionalidad chileno. Durante el primer año todo andaba a las mil maravillas. Cuando fue presentada la petición de subvención, se mencionó que ambas profesoras trabajaran gratuitamente. Inmediatamente llegó por parte de la Dirección Superior de Educación un documento diciendo que no se podía recibir ninguna subvención, si se trabajaba con personal sin sueldo, y que parecía que se trató de un intento de eludir las leyes del país. En el caso que no se pudiera cambiar esta situación no podía ser asignada subvención alguna. En la respuesta lo explicamos todo y prometimos solo contratar profesores salariadas. Aparentemente las autoridades quedaron satisfechas y un tiempo después recibimos el dinero. El contratar a gente asalariada no fue tarea fácil. Puesto que solo disponíamos de poco dinero, las profesoras debían conformarse con recibir mensualmente solamente  una parte de su salario, hasta que llegara la subvención y recibieran el saldo.                                                                                                                                            A fines del año las alumnas tenían que brindar un examen en presencia de una comisión de supervisión especialmente nombrada con un delegado de la educación pública. El delegado era un profesor de la escuela pública de Calbuco, en la cual no existía una opinión muy favorable acerca del colegio parroquial.  Aunque legalmente el delegado y la comisión entera solo escucha, mientras que el personal propio toma el examen, en una oportunidad el delegado tomó todo el asunto en manos propias y el mismo hacía las preguntas. Sin embargo, felizmente, no hubo consecuencias desfavorables: la escuela funcionaba bien.
Mientras que el colegio marchaba en buena forma, continuaron los trabajos de mejoramiento del   edificio del colegio. Se compró la casa continua para que se convirtiera en la residencia de las monjitas, de manera que todos los locales podían ser destinados para la enseñanza.  A lo largo, todo el trabajo escolar quedó en manos de las hermanas, pero la construcción, la administración financiera y las preocupaciones correspondientes quedaron a cargo de los padres de la parroquia. También bajo la conducción de los padres, posteriormente, se construyó un edificio totalmente nuevo. Aunque la escuela pronto se independizó, en Calbuco siempre se esperaba que los padres prestarían apoyo y a menudo socorrerían con  dinero.                                                                                                                                                                                              +++++++++++++++++++
Las primeras iniciativas para abrir un colegio parroquial normalmente partieron de los padres. Sin embargo, a penas que fuera posible, se entregaba la obra a las personas formadas para este fin. El trabajo principal de los padres en esto ha sido el inicio del proyecto. 
Cuando nuestros padres llegaron a la parroquia de Santa Rosa de Lima, ya existían un colegio básico y uno de la enseñanza media, que eran propiedad del Arzobispado de Santiago y estaba bajo la dirección de hermanos canadienses de la Congregación de los Hermanos del Sagrado Corazón.

En Puerto Octay, cuando nuestros padres aceptaron aquella parroquia, existió un pequeño colegió parroquial. Funcionaba en uno de los locales de la parroquia. En los alrededores de Puerto Octay vivían muchas familias de descendencia alemana. Estas familias se habían reunidas para fundar este colegio de enseñanza básica para sus hijos. Para atender a los gastos producidos por este establecimiento aquellas familias aportaron lo suyo en su totalidad.                   (trad. Gaspar)                                                                                                                                                                                                                                        

jueves, diciembre 14, 2017

PASTORAL VOCACIONAL M.S.F 1986-1987




PRIMER INFORME DE LA PASTORAL VOCACIONAL 1986-1987

·       Abril, mayo y junio del años 1986  ayudo en la parroquia de Buen Consejo. Hace trabajo vocacional en el colegio Alberto Hurtado con eucaristías para cada curso.
·       Del  2 de julio el padre Antonio viaja a Europa para celebrar los 50 años de matrimonio de sus padres- asistir a un curso de espiritualidad de nuestra congregación en Roma.
·       El 7 de octubre el padre Antonio es trasladado a Santa Isabel de Hungría
·       El 10-11-12-13,17 y 19 de octubre trabajo vocacional en la escuela de Buin con una Misa de Despedida de los 4 medios,

·       Noviembre: visita a 4 colegios.
·       Después del Capítulo Provincial los seminaristas organizaron una misión juvenil en Coquimbo del 12 a 31 de enero, culminándola con un retiro espiritual en el fundo Santa Amalia. Participé como invitado un día en este retiro. Por no disponer de un auto, mis visitas a posibles postulantes en casa fueron limitadas
·       En febrero hice varias entrevistas a jóvenes de Santiago que me vieron a visitar en Santa Isabel con inquietudes vocacionales
·       El 10 de marzo hicimos la primera reunión de planificación de la pastoral vocacional en Santa Isabel con asistencia de hermano Theo Vink, la hermana Trinidad y hermana Gertrudis.
·       El 16 y 17 de marzo hicimos charlas vocacionales en la escuela E72
·       El día 19 de marzo-escuela B 72
·       El día 23 y 24 de marzo-escuela B 72
·       Los días 25-26-27 de marzo hicimos un trabajo agotador en el colegio Ignacio Carrera Pinto en la calle Echeverria
·       El sábado 28 de marzo celebré la Santa Misa en el patio del mencionado colegio para los 2600 alumnos
·       El 30 de marzo fuimos hacer un programa radial en radio “Pan Americana”, donde la señora Ofelia Ruy-Perez Carrasco mantiene su programa “ las mañanitas chilenas”
·       El 31 de marzo reunión del equipo vocacional con hermana Gertrudis, Trinidad , Magda y hermano Theo

·       En el mes de abril conseguí cartas del Obispo Castrense Joaquín Matte y del capellán mayor  Felipe Gutiérrez para poder visitar a todos los conscriptos del país
·       Durante la Semana Santa viajé a Valparaíso para ubicar unos postulantes
·       El 20 de abril viajé a Antofagasta con la hermana Trinidad para ir a visitar la parroquia San Francisco de padre Mario.
·       Gracias a su cooperación logramos hacer un buen programa: visitando a las comunidades: “ Nuestra Señora de Andacollo”, “ Papic” ,Nazareth, población Chile,”Santa Bernardita y otras.También conversamos con la juventud de coro y catequesis de Confirmación.—En el colegio “ Antofagasta” hicimos varias charlas vocacionales—Gracias al señor Luis Cerda, amigo del gerente de radio Antofagasta pudimos hacer un programa radial que salió satisfactoriamente
·       Entretanto el capellán del ejercito había conseguido del Intendente un permiso para invitar voluntarios de 5 regimientos. Así tuvimos 170 conscriptos atentos en la capilla militar a lado del mar .Al final cantaron fuerte y desafinados.


  • El trabajo de la pastoral vocacional se interrumpió de mayo a agosto por dos razones:


  1. La ausencia del párroco p.Arnoldo van de Kruis de 12 de mayo a 15 de septiembre
  2. Estuve hospitalizado y sin poder caminar de 12 de julio a 15 de agosto con gota.

  • El 26 a 27 de septiembre hice unas predicas en nuestra parroquia de la Sagrada Familia con los pies y tobillos adoloridos todavía
  • De 2 a 8 de noviembre fui a ayudar en Llanquihue. Retomé las charlas vocacionales.Se presentaron 2 candidatos.
  • De 2 a 8 de noviembre Semana Vocacional en la Parroquia Santa Isabel de Hungría
  • El 9-10 y 12 de noviembre Theo Vink, hermana Trinidad y yo visitamos por segunda vez al colegio de los Hermanos en Buin
                                      (p.Antonio Mutsaers)




lunes, diciembre 11, 2017

vida religiosa comunitaria 1938-1978




Vida Religiosa Comunitaria.
El P. Juan van Bergenhenegouwen 
relata:                                                                                            En el tiempo en que llegamos a Chile, en el año 1938, en las comunidades neerlandesas de la Congregación se vivía la vida religiosa como en un monasterio. Hasta en los últimos detalles fueron  observadas las reglas e indicaciones fijadas.  Las comunidades de Kaatsheuvel (seminario menor), Grave (sede de superioridad), Oudenbosch (escolasticado),  Goirle (procura misional)  y Nieuwkerk  (noviciado) eran  comunidades numerosas en las cuales se vivía según una agenda, o horario diario, que era de importancia vital. Las actividades de la congregación casi todas estaban centradas en las propias casas. Prácticamente no había  actividades fuera de la casa que significarían un “peligro” para el funcionar normal del programa diaria.

Cuando nos embarcamos fijamos para nuestro viaje también una especie de agenda diaria. Muy temprano en la mañana, antes que el salón fuera preparado para el desayuno, celebramos la santa misa en aquel lugar. En aquel tiempo era una costumbre muy normal entre los misioneros que iban en camino a su campo de misiones. La Pastoral Portuaria proporcionaba una maleta con accesorios para la misa a bordo de los barcos, en el caso que los misioneros mismos no la trajeran. Dentro de los cánones de la teología moral figuraron algunos capítulos dedicados a normas de proceder en cuanto a jurisdicción y autorizaciones necesarias mientras que ellos estuvieran a bordo. Cada día dos de nosotros celebraban la santa misa a la cual todos asistieron, de manera que a todos les tocó su turno a su debido tiempo. Durante el día cumplimos puntualmente con los demás ejercicios religiosos, para lo cual  nos retiramos a un salón del barco. También reservamos cada día en nuestra agenda un par de horas para estudiar español, ya que  nadie de nosotros estaba experto en esto.
Dado que el viaje marítimo era una experiencia tan nueva para cada uno de nosotros, no e de extrañar,  que la agenda diaria a veces sufrió algún naufragio.  De todas maneras tratamos de cumplir con ella correctamente.
En la barca todavía sumamos siete personas. Sin embargo, cuando llegamos a Chile nos dividimos en dos grupos: los de Yerbas Buenas y los de Taltal. Una vez llegados a Yerbas Buenas fijamos un horario diario,  tal como se practicaba en las casas de Holanda.  A las seis de mañana se tocaba la campanilla pera levantarse. Dentro del templo, en grupo, rezamos la oración de la mañana, a continuación siguió la meditación y a las siete se comenzó la celebración de la primera misa y a las ocho y media la segunda.
Antes de cada Misa se tocaba la campana del templo, y en cada misa había algunos asistentes. A continuación, durante el día,  practicamos los ejercicios de rúbrica. Después del almuerzo nos dirigimos al templo rezando el salmo del Miserere en  acción de gracias. Y cuando caía  la tarde nos dedicamos en grupo a la lectura espiritual. Puesto que en muchas parroquias chilenas existía la costumbre de rezar el rosario en la tarde en el templo, lo hacíamos  en conjunto con las personas presentes; después de algunos rezos complementarios dimos la bendición con el Santísimo. En Yerbas Buenas fue posible tal proceder sin entrar en conflicto con otras actividades pastorales. Fueron pocas las personas que llegaban a  la oficina parroquial y menos  en las horas de la tarde o noche.
En Yerbas Buenas solo disponíamos de luz eléctrica a partir del atardecer hasta la media noche. En la mañana no había corriente. Cuando en el invierno la luz del sol tardaba de  llegar, teníamos que hacer uso de velas.  Las encendimos al levantarnos y las llevamos hasta el templo y las pegamos con gotas de cera de la vela, encima del banco para tener luz para poder leer. Todo parecía al tiempo de los ermitaños, puesto que en todas partes, tanto dentro de la iglesia como afuera reinaba una oscuridad completa. 
Con la primera visitación  general en el año 1943 me encontré en Calbuco.  El Padre General insistió con énfasis en la observancia estricta de la agenda del día. Esta consistía en levantarse a un cuarto para las seis, seguido por ir al templo para la oración de la mañana, la meditación y la santa misa. Un poco  más tarde se celebraba  la  segunda misa. También en este lugar todo esto lo hacíamos con la luz mística de una vela encendida, especialmente durante los meses de invierno (que en el Sur eran más largas que en Yerbas Buenas). Antes de todas las comidas y ejercicios se debía tocar la campanilla igual como en las comunidades numerosas. Aquel que le tocó  visitar una capilla y debía quedarse una o más noches, tenía que llevarse un despertador para levantarse en la maña a la hora determinada a fin de llevar adelante los ejercicios espirituales. Y todo esto mientras que el padre debía esperar antes de comenzar con la misa hasta que llegaran los feligreses, alrededor de las diez y media de la mañana. Nunca la misa terminaba antes de las doce horas.  A veces se demoraba hasta la una de la tarde, cuando en aquel tiempo no estaba permitido ni siquiera tomar agua antes de celebrar la misa…
La  experiencia de 40 años nos enseñó,  que una agenda detallada que determina horas y lugares, donde se deben estar corporalmente juntos para practicar determinadas ejercicios espirituales, en realidad, difícilmente se puede llevar a cabo, si uno vive y trabaja dentro de un grupo pequeño. Lo tratamos de hacerlo, lo intentamos de nuevo después de un periodo de relajación, lo adaptamos a las condiciones de vivienda y de trabajo, pero siempre fracasaba, tanto cuando los nuevos intentos partieran del grupo mismo, como cuando fueron estimulados desde la superioridad. No fue producto de indiferencia frente a la vida comunitaria, sino una exigencia del trabajo apostólico. 
La vida religiosa interior y personal siempre y en todas partes es posible y necesario,   pero es imposible, dentro del apostolado, mantener una vida comunitaria tipo monástico de todos los días. El trabajo pastoral, que obviamente se lleva a cabo fuera de la casa y una vida religiosa  que supone un estar juntos físicamente, con preferencia dentro de la casa, resultan incompatibles. El hecho de que seriamente se han hecho esfuerzos en este terreno, y que, por otra parte, se ha trabajado y están trabajando fuertemente con mucha perseverancia en la pastoral, es una señal de la presencia de un fondo de vida religiosa profunda. Si se han perdido algunas de estas prácticas, queda en pie la  reafirmación de que servir a Dios y al hermano están en la misma línea. 

El religioso que es enviado como misionero hasta lugares lejanos y aislados, tal  como es el caso de nosotros en Chile, se supone y se suponía que él, en cierto sentido, es autónomo y  asuma su propia responsabilidad.  Tanto los obispos como la Congregación lo suponen. Los misioneros  no solo fueron enviados como personal para desempeñar tareas apostólicas. Son considerados como personas que por motivos religiosos asumen responsabilidades para el pueblo del Señor. Se espera, y con razón, que no serán mercenarios sino “Buenos Pastores”.    

       (Trad. Gaspar)