sábado, noviembre 18, 2017

PADRE MATEO VOERMANS



Mateo Voermans, (+1978)


Mateo se destacaba por ser buen narrador y contar siempre historias fantásticas. Era una persona de carácter alegre y extrovertido. Quería estar rodeado siempre de mucha gente y no pudo vivir una vida solitaria.
Aparte de un año de estudios pastorales en Holanda (debido al hecho que no pudo viajar a Chile a causa de la guerra), nunca tuvo una formación académica especial. Sin embargo, por leer y estudiar mucho en forma personal estuvo siempre “al día” con publicaciones recientes y sabía presentar en forma interesante temas teológicos con ocasión de jornadas de estudio nuestras.  Era bien preparado para escribir artículos y dar charlas.  Siendo director del año pastoral en los comienzos de los años sesenta acompañaba a varios misioneros jóvenes en introducirse en la realidad de Chile.  Su visión equilibrada acerca de muchos asuntos lo llevó a ser consejero del superior, delegado al Capítulo General y miembro de la Comisión Central de Renovación de la Regla. Sobre el capítulo General enviaba relatos muy entretenidos a Chile.
 Fue fundador, junto con el P. Enrique Bentvelzen de La Puerta Abierta y fue su primer director. Quizás un poco demasiado tarde dio cursos universitarios sobre cultura religiosa y eclesiástica de la Universidad Católica de Santiago. Dominaba completamente la materia, pero con una edad más joven y con mayor preparación académica habría llegado más lejos en eso.
Mateo supo crear ambientes de fiesta. Con ocasión de celebraciones festivas de la Congregación él era la persona indicada para entusiasmar a otros para armar, dentro de una semana, una obra de teatro cómico en tres actos para entretener a los religiosos neerlandeses Santiaguinos. 

La verdad es que en su juventud tenía que librar verdaderas batallas consigo mismo al fin de las vacaciones, cuando tenía que despedirse de sus padres; igualmente cada partida desde Holanda a Chile fue para él un suplicio. En el año 1969 ya no pudo decidirse más para esto. Después de 23 años de trabajo en Chile, volvió a desempeñarse como pastor en Holanda…          
(Trad.Gaspar)                                                                                                                                                                    

viernes, noviembre 10, 2017

FATHER HENRY VAN DE BOOGAERT



sábado, noviembre 04, 2017

PADRE CORNELIO VAN DER SPEK


 
 Padre Cornelio van der Spek fue párroco de la parroquia San Luis de Coquimbo de 1963 a 1971.



jueves, noviembre 02, 2017

PADRE JUAN VISSER



Juan Visser (+1968)
Juan ha sido durante 30 años un hombre dispuesto a servir y ayudar , que trataba hacer el bien a todo el mundo.
Durante diez años trabajó como sacerdote en el hospital de Talca, donde supo hacerse amigo de todos y donde tanto los enfermos que los médicos “lo llevaban en palmitas”.
En los mismos años él fue el primero que tomó contacto con los Hermanos de la Inmaculada Concepción (“Hermanos de Maastricht”) y logró entusiasmarlos para Chile, de modo que los hermanos llegaron a establecerse en Chile e involucrarse en el apostolado escolar en nuestras parroquias.

Siendo ecónomo provincial en Santiago fue un anfitrión excelente, siempre estaba dispuesto a acompañar a los padres que vinieron a la capital para hacer trámites o que querían quedarse para relajarse por un par de días. Esto mismo experimentaron los padres que llegaron por primera vez a Chile y que por lo tanto estaban como extraños en gallinero ajeno. Cuando alguien se enfermaba Juan se apuraba en apoyarlo y andaba tras de él todo el tiempo necesario.  No siempre uno sabía interpretar bien las intenciones de “Jopie”. Era un hombre vivaracho y al mismo tiempo algo enigmático. Con estas cualidades pudo servir al superior y a sus hermanos de la congregación cuando debían hacer compras y cuando llegaron baúles y cajones desde Holanda, que debían ser sacados de la aduana. Esto hacía con todo éxito, era generoso con los funcionarios, sabía cómo tratarlos y pasaba tranquilamente por todas las instancias de control.

Siempre fue servidor hasta los últimos años de su vida, cuando se desempeñaba como capellán para los enfermos y abuelitos en una casa de ancianos de Antofagasta.                     (trad. Gaspar)

sábado, octubre 28, 2017

PADRE GUILLERMO APPELS



Guillermo Appels. 

Guillermo poseía el talento de una inteligencia superior. En el seminario menor se destacaba siempre como el mejor alumno del curso. Parece que no le costó esforzarse para esto. Si hubiera sido difícil para él, nunca habría llegado tan lejos en la vida.  Nunca tuvo una salud firme, sino frágil y quebrantada. Quizás por eso dio la impresión de proceder con lentitud y buscando un camino fácil. 
 (PADRE GUILLERMO APPELS, ROBERTO HOLLAK Y ADRIANO DE MEYER CANTANDO)

Fue vicario cooperador en la parroquia de “Buen Consejo”, párroco en Tocopilla y Coquimbo, incluso superior regional, cuando solo hace relativamente poco tiempo había llegado a Chile, pero empezó muy temprano a decaer en cuanto salud. Durante seis años pasaba de una enfermedad al otro y ha sufrido enormemente, hasta que falleció ya a la edad de 54 años. Después de cada período de enfermedad volvió a estar activo, pero en el fondo su vida fue un calvario. Todo comenzó con un desangramiento cerebral que afectó su facultad de hablar y su memoria. Después de su recuperación se trasladó a Valparaíso, donde su hermana de nombre Jet, hermana Wilibrorda, religiosa pasionista, con el fin de aprender, con la ayuda suya, a hablar y escribir de nuevo. Después adquirió gangreno y arterioesclerosis en grado alto, dos veces un infarto de corazón y en los últimos meses aún una pulmonía después de otra encefalitis.

Siempre se conformaba con sus enfermedades y debilidad y trataba de luchar en contra de ellas. En el año 1965 fue de vacaciones a Holanda, pero no pensaba quedarse allí.  Regresó a Chile con tan buen ánimo que incluso aceptó un nombramiento para Antofagasta a desempeñarse como capellán de una casa de ancianos. Era un hombre bueno y servicial para sus feligreses, se sentía muy vinculado con sus hermanos de la congregación y tenía un gran espíritu de compañerismo, disfrutaba mucho estar en compañía con otros y como hombre de sufrimientos probablemente ha podido lograr para Chile más por su fe que por sus actividades.                              (Trad. Gaspar)

miércoles, octubre 25, 2017

NUESTRA PRIMERA PARROQUIA EN SANTIAGO


Santiago, La Parroquia Nuestra Señora del Buen Consejo.

Lo que escribe el Padre Juan:
Durante la primera visitación llevada a cabo por el Padre General Trampe (1942-1943) la parte de la provincia holandesa en Chile se convirtió en una región. Por varias razones el General estimó oportuno esto. Esto significó, que debíamos hacernos cargo de una parroquia en Santiago. El arzobispado no nos lo había solicitado, pero el Padre General se sintió motivado a esto por su preocupación de una buena organización de la Congregación en Chile.

El General dirigió una petición en este sentido al arzobispo.  Cuando este último había sido informado de la finalidad de la petición y las aspiraciones acerca del tipo de parroquia, ofreció el sitio donde ahora está ubicada la Parroquia de Nuestra Señora del Buen Consejo. (Comúnmente la llamamos “Buen Consejo”,

Todavía no existía una casa parroquial, solo una capilla. A los padres les correspondió iniciar esta parroquia. La parroquia además debía funcionar como sede de la administración regional. En el lugar donde se ubica ahora el salón parroquial, se encontraba la capilla, que estaba dedicada a Nuestra Señora del Buen consejo. El barrio se conocía como la “Población Zelada” y no gozaba de buena fama en cuanto a los habitantes. No era aconsejable transitar sin compañía tarde en la noche o durante la noche. El terreno en gran parte estaba desprovisto de construcciones. Solo había casas en el sector que limita con la calle Constantino. El sector baldío del terreno y el sitio donde se encontraba la capilla eran propiedad del arzobispado. La intención fue de erigir con el tiempo una nueva iglesia. Ya existía un diseño para la construcción del templo, pero nunca fue llevado a su terminó.
En comparación con sus dimensiones la capilla era de bajo altura y se parecía más a una bodega o barraca. La construcción consistía de una armazón estructura de madera de vigas cuadradas. Los espacios entre las vigas estaban llenados con planchas fabricadas de una mezcla de cemento, cal y cenizas de carboncillo. En las paredes laterales, pegadas al techo, había algunas ventanas amplias, pero no muy altas. El piso estaba cubierto de baldosas. El cielo estaba formado de una especie de cartón. El espacio interior estaba lleno de bancas de fabricación pesada. La fachada estaba colindante a la vereda de la calle que ahora se llama Porto Seguro, pero en aquel tiempo tenía el nombre de calle Brasil.
Las puertas de doble ala se ubicaban en el centro de la fachada y a su lado exterior lucían un artístico gracias a la cerrajería de fierro forjado que tenía. Sobre el techo bajo de caballetes de adelante hacía atrás, nuestros padres posteriormente hicieron colocar un pequeño campanario.


En la parte delantera de la capilla colgaba un cuadro pintado de grandes proporciones presentando Ntra. Sra. del Buen Consejo. Fue el mismo que ahora está colgado en la parte posterior de la iglesia pegado a la barandilla del segundo piso destinado para el coro. El cuadro, confeccionado por un pintor artesano estuvo destinado para aquella capilla. En las tardes muchas veces se rezaba el rosario y a veces se celebraban novenas. Los días domingo y días de fiesta llegaba un sacerdote a la capilla para celebrar misa. La capilla se hizo el centro espiritual de los alrededores. Con el tiempo la gente adquirió una devoción tan grande para esta imagen pintada, que no quería hacer abandono de la imagen acostumbrada, cuando, posteriormente, el Padre Enrique van den Boogaard pintó una figura grande de la Virgen en la pared detrás del altar de la nueva iglesia reemplazando el cuadro del artesano,


La parte sin construcciones del terreno que se limitaba con las calles Porto Seguro, Blanco Garcés y Martín de Poveda y por las partes traseras de las casas de la calle Constantino, estaba cercada de un muro de ladrillos. Solamente en la esquina de Blanco Garcés con Martín de Poveda existía una casa ya. De las calles cercanas solamente las calles Constantino, Nueva Imperial, Ecuador y Apóstol Santiago estaban provistas de pavimento. Al lado norte de la calle Nueva Imperial existía ya por más largo tiempo otro parte de la ciudad. Hasta el día de hoy aún se puede encontrar varias calles angostas pavimentadas con guijarros. Todas las demás “calles” debían hacerse todavía y se parecían a senderos rurales sin ninguna forma de pavimento.  A cada lado de estas vías existían pequeños canales que conformaban una separación entre las veredas y la vía central. Estos servían para desaguar la lluvia y que, en parte, servían de canales de riego para los jardines y huertos que allí existían. En la época de lluvias las calles y veredas estaban cubiertas con una capa gruesa de lodo y llenas con charcos

La parroquia en cuanto territorio se ubicaba en su totalidad al lado poniente exterior de la ciudad y la parte sur de la parroquia que se encontraba cerca de la calle Las Rejas, donde el Padre Simón de Jong a comienzos de 1960 iba a fundar la Parroquia de Santa Isabel de Hungría, estaba en gran parte sin ninguna construcción. Donde se juntaron las calles Blanco Garcés y Ecuador, se ubicaba el terminal de Buses O’Higgins 2, porque en este punto se terminó la ciudad
Al otro lado de la calle Blanco Garcés frente al terreno del arzobispado, se encontraba una parcela agraria, que parcialmente estaba plantado de parras y algunos árboles frutales, A lo largo de esta calle el terreno estaba cercado con palos, telas metálicas y alambres de púas. Su superficie estaba casi tan extensa como el terreno perteneciente al arzobispado. En el rincón sur-poniente había una casita de tipo campesino que estaba en malas condiciones y que era como una reliquia de un pasado en que Santiago era menos extendido. Esta casa sirvió de residencia para nuestros padres durante alrededor de siete años. El terreno y la casa eran de propiedad del Señor Marcos Arancibia que vivía en Calle Santo Domingo y tenía un hijo sacerdote. Más tarde la Congregación compró esta propiedad que posteriormente fue transferido a los Hermanos de La Inmaculada Concepción para la construcción de sus colegios.
Cada vez más se sintió la necesidad de que se construyera una casa parroquial donde, además, la administración de la región podría tener su sede. La casa campesina no reunía las condiciones para este fin.
El Padre Cristián Verheugd, que fue el primer superior regional y al mismo tiempo párroco de “Buen Consejo”, inició la construcción de una casa sobre terreno del arzobispado en la calle Blanco Garcés. Por indicación del Padre General la casa tenía que ser construida según el diseño de un edificio que nuestros padres alemanes habían construido en Buenos aires. De este modo la casa debía contar con dos pisos, pero por el momento tuvo que quedar con un solo piso. De todos modos, los cimientos fueron colocados en vista de un eventual segundo piso, que hasta este momento no se ha concretizado.  Fue en el tiempo del P. Cristián que la obra gruesa de la nueva construcción llegó a su término.



      --EL PADRE ANDRES VAN MERODE DE VISITA A  LA PARROQUIA
Después la obra quedó paralizada por un buen tiempo. Cuando el Padre Cornelio van de Spek se hizo párroco de “Buen Consejo”, continuaron con la construcción hasta llegar a su fin. En el año 1950 los padres se trasladaron a la nueva residencia. De esta manera la parroquia de “Buen Consejo” llegó a ser la sede central de la Congregación en Santiago. Quizás fue esta la razón de que esta parroquia siempre ejerció una cierta fuerza de atracción sobre los miembros de la Congregación en Chile. Con el tiempo se empezó a sentir también la falta de un templo más apropiada. El Padre Enrique van den Boogaard, que ya hace varios años estaba activo en esta parroquia, elaboró un diseño para una nueva iglesia. De acuerdo con este diseño comenzó la construcción y la obra se finalizó dentro un tiempo relativamente breve. Sin embargo, la obra no se hizo tan sin problemas que se podría suponer leyendo este relato. En el mismo sitio, donde el nuevo templo debía ser construido, anteriormente había existido un hoyo profundo que fue cavado para obtener el material para la fabricación de ladrillos. Más tarde el hoyo se llenó con basura, lo que fue tapada con una capa de tierra. De esta manera le faltó al suelo la estabilidad necesaria para sostener el edificio del templo. Así debían ser excavados (Igual que lo que pasó cuando construyeron la casa parroquial), algunos otros pozos de varios metros de profundidad hasta llegar a suelo firme y rocosa. Encima de ellos podían ser colocados los soportes de la construcción. Con el tiempo se comprobó que estos cimientos quedaron adecuados. Solamente se suponía que al construir las naves laterales estrechas del templo, ellos obtuvieran bastante firmeza por medio de una conexión con la nave central. Estas paredes posteriormente empezaron a hundirse y para corregir esta situación, aún debían ser excavados pozos y instalados nuevos soportes sobre tierra firme y rocosa.
Para el cielo del templo en un comienzo también se utilizaron materiales frágiles, de manera que tuvo que ser reparado varias veces.
Sobre la pared ubicada tras del altar mayor el Padre Enrique pintó una figura de gran tamaño de la Virgen y en las ventanas de las paredes laterales colocó vitrales, uno de La Anunciación y el otro del Nacimiento del Señor. Tanto el diseño como el trabajo eran obra de él. En vista que trabajos en vitrales poco se desempeña en Chile, en todas partes se juntaron pedazos de vidrio y se compró un horno para calentar el vidrio pintado. El padre Mateo Voermans le prestaba asistencia al soldar los partes de plomo. Originalmente existía el propósito de proveer todas las ventanas del templo con vitrales, pero nunca se llegó a concretizar un número mayor de dos ventanas.
Cuando se llegó a los años setenta la situación nuevamente cambió profundamente. La administración regional se había trasladado, pasando por “Santa Rosa de Lima”, definitivamente a la “Sagrada Familia”. Nunca llegaron seminaristas mayores que irían a vivir en “Buen Consejo” para terminar sus estudios allí. Así la casa parroquial quedó bastante espaciosa.
Dentro del trabajo pastoral los padres obtuvieron un apoyo grande de los Hermanos de La Inmaculada Concepción, que eran de gran significado para la educación católica de los niños. Ahora también las Hermanas de La Sagrada Familia de Baarlo llegarían a Chile para comenzar en “Buen Consejo” una obra apostólica para la educación de las niñas. Para esto se tomó la decisión de que las hermanas vivirían en la residencia que ya se encontraba allí por diez años. En la casa misma se podrían instalar varios cursos y en el terreno colindante a su lado había bastantes posibilidades para, con el tiempo, construir un colegio más amplio. Para los padres, por lo tanto, debía ser construida una nueva y más pequeña residencia. El P. van de Boogaard hizo los diseños y el padre Cornelio van de Spek tomó a su cargo por gran parte la dirección técnica de la finalización de la construcción.                                                           (trad. Gaspar)    


lunes, octubre 23, 2017

CALBUCO



Calbuco.

El Padre Juan cuenta:
El día 22 de mayo del año 1940 partí de Yerbas Buenas para tomar en Linares el tren hacia Puerto Montt que debía pasar alrededor de la medianoche. Junto con el Padre Cristián Verheugd que me acompaño hasta Linares, quedamos una gran parte del día en la casa de las  Hermanas de La Providencia, donde se encontraba enfermo el Padre Guillermo Smits.
Anteriormente él  había llegado desde el Norte  para ir conmigo a Calbuco, pero se enfermó en Colbún. Por lo tanto no podía acompañarme en el viaje al Sur.
El tren debía pasar a las once y media pero llegó con una hora atrasado. En la estación  se encontraban solo el P, Cristián, un funcionario del ferrocarril  y mi persona que fuí el único pasajero que abordó el tren. Mientras que el tren se puso  en movimiento, el conductor me adelantó  por el pasillo central del coche-dormitorio y me indicó  mi asiento previamente reservado.

En camino a Calbuco. ¿Dónde se ubica Calbuco? Yo había preguntado a alguna gente de Yerbas  Buenas  si conocían a Calbuco y dónde se ubicaba. Nadie había pasado  jamás por allí y no se sabía donde se ubicaba exactamente. Alguien contó que eran muy hermosos los  paisajes del Sur. Otros sabían que allí llovía mucho y que uno  pasaba  mucho frío. El domingo siguiente yo iba a ser párroco en un lugar desconocido. .
Cuando amaneció estuvimos en la cercanía de Temuco. El tren siguió su ruta durante todo el día y alrededor de las nueve horas, cuando otra vez cayó la noche, hicimos la entrada a la estación de Puerto Montt. Me habían informado que Calbuco se ubicara más allá de Puerto Montt, incluso de que era una isla  de modo que era indispensable que tuviera que pasar la noche en la ciudad. Desde Yerbas Buenas había enviado  un telegrama  al convento de los Jesuitas de Puerto Montt con la petición de poder alojar donde ellos. Esperé que alguien de ellos estuviera  en la estación para acogerme, pero no había nadie. Había un joven que se ofreció para llevar mi maleta. El sabía donde se ubicaba el convento. Salimos de la  estación y recorrimos varias calles. “Aquí viven los padres,” dijo el joven indicando una puerta. Toqué el timbre y en un rato más se abrió la puerta. Desde adentro un hombre me miró con un aire investigador y me preguntó, quién era yo. Cuando me había dado a conocer, me dejó entrar y fue a avisar al superior de la casa. El telegrama no había llegado de manera que no sabían de que yo iba a llegar, pero no era un inconveniente para ellos de poder pernoctar donde ellos.
Fue un jueves en la tarde y la primera oportunidad que se ofreció  para continuar hacía Calbuco era en la mañana del domingo. Utilicé los días siguientes  para conocer algo de Puerto Montt. Eran días con tiempo oscuro y de lluvia. Los jesuitas casi todos eran chilenos con solo un español, un argentino  y un hermano alemán. Uno de los padres  me acompañaba algunas veces en mis paseos. Fue él que me llevó hasta la casa del obispo, que se encontraba sin embargo en Roma por razones de la separación de la diócesis de Ancud, cuyo obispo era hasta este momento. Él iba a regresar  recién un par de semanas más adelante.
Sobre Calbuco no sabía más que el hecho de que yo iba ir por allá. El párroco de la iglesia de Puerto Montt, que debía ser convertida en iglesia catedral, había sido nombrado ya secretario de la nueva diócesis. Fuimos a verlo, pero tampoco pudo informarme mucho. Todo era diócesis de Ancud por entonces.




Ya que no había visto de Chile algo más que Yerbas Buenas y Colbún, pensé que Calbuco era también un pueblito chico como ellas con algunas casas grises y una costa marítima  húmeda.  Esta idea de humedad me llegó a la mente porque durante aquellos días junto con los Jesuitas, casi todo el tiempo se estaba lloviznando.  Consulté a los Jesuitas si hubiera  hospedaje en Calbuco. “Pues esto habrá en todas partes” fue la respuesta,  “de esto se preocupa la gente”. El día sábado por casualidad vino de visita  un sacerdote que conocía bien Calbuco.  Provenía de esta región y aparentemente estaba contento al ver a un sacerdote que estaba por ir por allí. Hablaba muy favorablemente sobre Calbuco y dijo que sin duda yo iba a estar muy a mi gusto allí, pues allá vivía mucha gente buena. Tiempo después supe que aquel sacerdote se llamaba Francisco Ávila  y provenía de Tabón.
El día sábado supe que existía una conexión telefónica con Calbuco. Ya avanzada  la tarde llamé al párroco de Calbuco. Cuando me había dado a conocer,  me dio una respuesta de buen humor. Me dijo que como no había oído nada hasta el momento tenía el temor de que el nuevo párroco no estuviera presente todavía en el día de la transmisión de la parroquia.  Me dijo que de todas maneras debiera tomar el barco en  la  mañana siguiente. Inmediatamente a mi llegada a Calbuco debía celebrar la misa  durante la cual iba a ser instalado como párroco. El secretario de la diócesis Ancud, a cargo de la ceremonia ya estaba presente.

En la mañana del domingo me puse en camino mediante un bus al puerto donde partió el barco a las ocho. Después de una navegación  de más o menos dos horas y media llegamos a Calbuco. Todavía estaba oscuro y llovioso. Cuando desde el barco eché un primer vistazo al lugar me quedé con una impresión favorable; realmente superó mis expectativas. Calbuco era más grande que Yerbas Buenas y parecía ser una pequeña ciudad.
Abajo en la muelle estuvo de pie un grupo de gente mirando. Estaba pensando que  ellos serían los habitantes de la isla, que vinieran  a ver quiénes y qué cosas trajera el barco, como era costumbre en la estación de Yerbas Buenas, cuando en la tarde llegaba el tren de Linares. Me llamó la atención que no eran campesinos vestidos  con ropa sencilla, sino gente bien vestida que había llegado para acoger a su nuevo párroco. Estuvo presente el párroco, el secretario de la diócesis y el alcalde junto con mucha gente. Después de habernos saludado efusamente, nos movimos, como en procesión, al templo  y un par de minutos más tarde me encontré junto al altar para la santa misa, durante la cual fui instalado como párroco.

A nuestra llegada Calbuco aún era una isla. Recién mucho tiempo después se construyó el dique (terraplén) que hace la conexión con el continente. El pueblo contaba con  más o menos 1200 habitantes.  Aparte de ellos teníamos a nuestro cargo pastoral a 8.000 personas más que vivían repartidos en otras islas y el continente del territorio que correspondía  a la parroquia.
En el año 1940 aún no estaba  terminada la construcción de un nuevo templo y la casa parroquial. Un par de años antes se había iniciado la construcción de  la iglesia  después de que el templo anterior se quemó en el año 1938. El dinero disponible solo  alcanzaba para costear la obra gruesa.



 La verdad es que por fuera parecía que la iglesia estaba terminada, pero por dentro faltaba mucho por hacer todavía. A pesar de todo esto, en la mañana de mi llegada el interior del templo me dio una sensación agradable. Pensé que por lo menos esto tenía el aspecto de un templo verdadero. En mi mente hice una comparación con el edificio bajo y pobre que era el templo de que estaba acostumbrado en Yerbas Buenas.
Tal como todas las casas de aquella época en el sur, también la iglesia estaba construida de madera desde el piso de loza hasta el caballete del techo. A dentro uno veía todavía las vigas cuadradas, labradas con hacha, que formaban los pilares y la armadura. Las paredes consistían de tejuelas. El piso ya estaba terminado pero hacia arriba se observaba las planchas de zinc que formaron el techo. Faltaba  mucho por hacer.  De vez en cuando, cuando había dinero continuaban los trabajos.
El día lunes en la mañana después de mi llegada eché un vistazo dentro de la iglesia. Un maestro estaba colocando una parte del cielo en una de las naves laterales. El dinero para comprar los materiales debía ser reunido por los habitantes de Calbuco. Se juntaba el dinero mediante acciones caritativas, rifas y colectas y otras actividades. El trabajo avanzaba lentamente puesto que el dinero siempre era demasiado poco para hacer mucho. No existía ningún proyecto para la construcción en su totalidad y lo que ya estaba terminado solo tenía que ver con el exterior del templo.
En el año 1945 otra vez se hizo una colecta. Esta vez a una manera más masiva y resultó bastante exitosa. Anteriormente yo mismo había diseñado  un proyecto de arquitectura,  lo que fue aprobado por el obispo. Una vez conseguida una suma de 18.000 pesos (según el valor de aquel tiempo)  comenzó el trabajo. El proyecto estaba en coherencia con el estilo del ábside que parcialmente estuvo terminado. El trabajo contaba con el interés de toda la población. Cuatro maestros  trabajaron  por  más o menos un año en la construcción. Todos los gastos, materiales y sueldos sumaban un total de entre  80 y 90 mil pesos, que en su totalidad fueron reunidos por los habitantes de Calbuco.
Antes que  empezó  trabajo al templo, primero se convirtió la residencia de los sacerdotes en una vivienda más apropiada. Esta casa anteriormente había quedado ubicada en otro lugar de Calbuco. Cuando el dueño se fue a otra parte  donó su casa a la parroquia  para servir de casa parroquial.  Para este fin la casa tuvo que ser demolida,  desplazada y reconstruida.  Era una casa de madera y de dos pisos. Cuando llegamos los padres  a Calbuco una parte de casa, tanto en el primer piso como en el segundo, estuvo subdividida  en piezas de cierta altura sin terminar. La verdad es que todas aún eran espacios como bodegas. Algunas paredes estaban cubiertas con  papel de color plomo, otras con papel de diario. La mayor parte de las paredes divisorias  eran nada más que tablas sin cepillar. La otra parte de la casa estaba totalmente sin cerrar. Abajo aparecía un suelo húmedo, ya que aún faltaba el piso y arriba se veía entre las vigas el zinc del techo. Desde el comienzo se ha gastado  mucho dinero en acomodar la casa. Pero a pesar de todos los esfuerzos de hacer algo bueno, siempre ha quedado una casa vieja  con mucho espacio pero poco confortable.
Calbuco propiamente dicho era en una ciudad dividida en dos partes algo separadas entre si: El Centro y La Vega. La parroquia se ubicaba entre las dos pero acercada al centro. El centro fue la parte más importante. Alí se encontraban los negocios, las oficinas de la administración civil (Calbuco era comuna y sede principal del departamento) escuelas, cuartel de bomberos, etc. Algunas partes de calle dieron el aspecto de una ciudad, a pesar de que faltaba toda  pavimentación. La Vega era más bien una prolongación que se estableció en años más tarde alrededor de la bahía natural que prácticamente se había convertido en puerto pesquero.
El origen de Calbuco se produjo en los primeros años después de 1600 cuando fue fundado por un pequeño grupo de españoles  que se habían fugado de Osorno, que fue asaltado y destruido por los indios. Los comienzos de  Calbuco hay que localizar  en la punta noroeste “La Picuta”, donde los españoles construyeron una pequeña y primitiva fortaleza. Calbuco con el tiempo se convirtió en un punto central de toda la región.

Todas las calles eran vías de tierra del mismo suelo. Cuando nosotros estuvimos allí por varios años ya,  recién se construyeron en los lugares más importantes veredas peatonales de cemento. Puesto que casi no había tráfico (los únicos vehículos fueron a veces un carrete de bueyes y el coche de un eje tirado por caballo del comerciante de vinos  que tenía su bodega frente a la casa parroquial), los caminos estaban  bastante duros y en buen estado y quedaban y  limpios,  ya  que la lluvia frecuente  continuamente arrojaba la basura de la calle  al mar.
Había una generadora eléctrica perteneciente a una empresa particular. En la tarde había corriente desde el crepúsculo hasta la medianoche. En tiempos posteriores,  a causa de desperfectos se produjeron períodos largos  en que faltaba totalmente la luz eléctrica. Cuando esto pasaba teníamos que ayudarnos de una vela u otra fuente de luz que sirviera  para dar  un  poco de luz en nuestras habitaciones. En los inviernos siempre tuvimos que ayudarnos de una vela, tanto en la iglesia como en la casa. En todas las casas de Calbuco pasaba lo mismo y estuvimos tan acostumbrados que ya no nos  llamaba  la atención. Tampoco contábamos con agua potable de cañería.  En la parte posterior  de  la casa disponíamos de un pozo de agua..

A fines de enero de 1943 en  una tarde de domingo con tiempo soleado  y sin lluvia, mientras que la mayoría de la gente se dedicaba a dar un paseo por los campos o la playa, todo el centro de Calbuco se destruyó completamente por un incendio foras. . Fueron 126 las casas destruidas. Los pozos de agua existentes en varias partes que debían proporcionar el agua a los bomberos, estaban secos a causa de la sequía correspondiente al verano Con pena en el alma tuvimos que ver como el fuego se extendía con las llamas saltando de una casa a la  otra. El incendio tuvo su origen en el centro del casco urbano y se extendía a todas las direcciones. El incendio se inició alrededor de las 4 en la tarde y a las diez y media de la noche todo Calbuco resultó ser una planicie desolada y cubierta de una capa de ceniza negra y  con planchas de zinc retorcidas de los techos. El  fuego tres veces se acercaba a la iglesia. La gente decía;  San Miguel, el patrón de la parroquia no permitirá que la iglesia se queme también.
Cuando en la noche el incendio se había terminado, ya que debido al frescor de la tarde  el fuego perdía fuerza para saltar a otras casas, el templo quedó en pie e intacta. “San Miguel  procuró que la iglesia se salvó”,  dijo la gente. Este incendio ha sido el acontecimiento más catastrófico en la historia de Calbuco. En las semanas posteriores  en medio del suelo chamuscado y los pedazos de fierros y escombros  resurgieron pequeños cobertizos. Los habitantes de las casas quemadas y los muchos comerciantes empezaron a levantar algo. Después de un año en diferentes partes habían sido levantadas ya, otra vez,  varias casas y negocios hermosos y recién hechos. Fue entonces que en una noche nuevamente se estalló un incendio que otra vez  redujo todo en cenizas. Nuevamente  comenzó la reconstrucción  y poco a poco el centro se extendió hasta lo que es ahora. Siempre el fuego ha sido un flagelo para Calbuco y no hay nada, de que la gente tiene tanto temor, hasta el día de hoy

Calbuco era una isla a la cual con dificultad se podía llegar tanto desde Puerto Montt como desde Ancud.  Tres veces en la semana un pequeño barco de vapor pasaba por allí que mantenía un servicio fijo entre ambos localidades. Además pasaban otros dos barcos que mantuvieron un servicio entre Puerto Montt y Aysén, lugar que se ubica mucho más al sur. Pero ambos tenían un servicio muy irregular, de manera que fueron  de poco utilidad para Calbuco. Posteriormente se redujo el servicio entre Puerto Montt a Ancud a solo dos viajes. Para cada viaje a Puerto Montt se necesitaba cuatro días. Era un progreso enorme cuando algunas lanchas a motor empezaron un servicio de viajes marítimos desde Calbuco mismo. En adelante se podía hacer un viaje de ida y vuelta en un solo día.
No existía ninguna conexión por tierra. La verdad es que no existían caminos en toda la parroquia. Tampoco había vehículos de ningún tipo. Todo desplazamiento se hacía a pie, a caballo y en bote a remos. Por tierra había que pasar por praderas, chacras  y  matorrales. Donde era posible uno se movía por la playa,  lo que no era posible con mar alto (La diferencia entre flujo y reflujo del mar en Calbuco es del rango entre tres y medio y siete metros) Durante los meses de verano el movilizarse sobre tierra era  algo  más cómodo,  puesto que en aquella época había menos barro. A pesar de esto,  en aquellas semanas de verano, uno volvía a casa con bastantes manchas de lodo. En los años 1955 -1956 se hizo realidad un camino por tierra entre Calbuco y Puerto Montt. En el año 1940 ya se había comenzado a construir un balseo entre el continente y la isla. El camino corría por unos 20 km hacia el norte hasta donde en la actualidad se ubica  la Capilla de La Campana. Este pedazo de camino nos sirvió mucho para ir a algunas capillas. Al mismo tiempo se había comenzado a construir un camino desde Puerto Montt. Los trabajos quedaron  paralizados por muchos años. Una vez terminado el camino, el ir a Puerto Montt se hizo más fácil, puesto que poco a poco  empezaron  a aparecer servicios de buses de movilización colectiva. Esto obviamente  redujo drásticamente el transporte de personas por barco. Una  lancha a motor necesitaba tres horas y medio para el viaje a Puerto Montt, un vapor dos  horas y medio y un  bus solo dos  horas. La distancia en  tierra sumaba  57 KM.  
Para el trabajo de la parroquia sin embargo estos medios de transporte no aportaban mucha utilidad,  ya que todos los sectores y todas las capillas se ubicaron más al sur o quedaron demasiado lejos de los caminos. Muchas capillas habían  sido construidas precisamente junto a las playas, ya que es evidente que en aquel tiempo la mejor posibilidad de llegar a ellas era a través del mar. Durante los últimos 10 años las tierras del interior de la región quedaron más accesibles  y ahora muchas capillas ubicadas en el continente pueden ser visitadas con uso del auto.                                 (Trad. Gaspar)