lunes, mayo 12, 2014

PONCIO PILATO






Poncio Pilato desempeñó el cargo de prefecto de
la provincia romana de Judea desde el año 26 d.C.
hasta el 36 o comienzos del 37 d.C. Su jurisdicción
se extendía también a Samaría e Idumea. No
sabemos nada seguro de su vida con anterioridad a
estas fechas. El título del oficio que desempeñó fue
el de praefectus, como corresponde a los que
ostentaron ese cargo antes del emperador Claudio y
lo confirma una inscripción que apareció en
Cesarea. El título de procurator, que emplean
algunos autores antiguos para referirse a su oficio,
es un anacronismo. Los evangelios se refieren a él
por el título genérico de “gobernador”. Como
prefecto le correspondía mantener el orden en la
provincia y administrarla judicial y
económicamente. 
Por tanto, debía estar al frente del
sistema judicial (y así consta que lo hizo en el
proceso de Jesús) 
y recabar tributos e impuestos
para suplir las necesidades de la provincia y de
Roma. De esta última actividad no hay pruebas
directas, aunque el incidente del acueducto que
narra Flavio Josefo (ver más abajo) es seguramente
una consecuencia de ella. Además, se han
encontrado monedas acuñadas en Jerusalén en los
años 29, 30 y 31, que sin duda fueron mandadas
hacer por Pilato. Pero por encima de todo ha pasado
a la historia por haber sido quien ordenó la
ejecución de Jesús de Nazaret; irónicamente, con
ello su nombre entró en el símbolo de fe cristiana:
“Padeció bajo Poncio Pilato, fue crucificado, muerto
y sepultado…”. 


Su presencia en el Credo es
de gran importancia, porque
nos recuerda que la fe
cristiana es una religión
histórica y no un programa
ético o una filosofía. La
redención se obró en un
lugar concreto del mundo,
Palestina, en un tiempo
concreto de la historia, es
decir, cuando Pilato era
prefecto de Judea

PONCIO PILATO AL OÍR LOS GRITOS DEL PUEBLO QUE IBAN EN AUMENTO,
TOMÓ AGUA Y SE LAVÓ LAS MANOS DELANTE DE LA GENTE DICIENDO:"INOCENTE SOY DE LA SANGRE DE ESTE  JUSTO.VOSOTROS VERÉIS.Y TODO EL PUEBLO RESPONDIÓ:"SU SANGRE SOBRE NOSOTROS Y SOBRE NUESTROS HIJOS