domingo, mayo 28, 2017

LA ASCENSIÓN -REFLEXIÓN DE PADRE CORNELIO FOUCHIER









LA  ASCENSIÓN DEL SEÑOR II

“Los once apóstoles se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado” (Mt. 28)El Señor citó a los apóstoles a la montaña . Lucas dice: “Los sacó a Betania, donde los bendijo y se despidió de ellos subiendo a los cielos, hasta que una nube se lo quitó de la vista (Lc. 24 y  Hech 1). La montaña y la nube son 2 elementos claves en el misterio de la ascensión del Señor al cielo. La montaña evoca el monte Sinai donde Dios se aparece en gloria y poder y se percibe la nube de la presencia de Dios ; evoca el monte de Elías donde Dios se manifiesta en fuego y luego surge la pequeña nube del aguacero; evoca el monte donde Jesús fue transfigurado y donde los discípulos tiemblan de temor cuando los envuelve la nube y se escucha la voz del cielo. La transfiguración en el monte anuncia bien lo que será la ascensión al cielo. Cristo es glorificado; su cuerpo es exaltado, divinizado, impregnado de la divinidad, integrado en Dios: “sentado a la derecha de Dios”  (Mc. 16 – Ef. 1 )es decir: hecho partícipe de la dignidad y del poder de Dios.
La ascensión del Señor al cielo nos invita al optimismo. “Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, aun cuando estábamos muertos por nuestros pecados, nos vivificó con Cristo – por pura gracia  han sido salvados  ustedes – y nos resucitó con él, y nos hizo sentar en los cielos con Cristo Jesús”  (Ef. 2, 4-6).
Por el pecado original sobrevino la muerte a la pobre humanidad. Como descendientes de Adán y Eva todos llevamos la muerte en el cuerpo…Pero Dios mismo mandó a su Hijo en nuestra carne humana como nuevo Adán, que ha de regenerar, restaurar a la humanidad, y  efectivamente ésta se restauró y se vivificó, contra toda esperanza. La salvación de los seres humanos empieza efectivamente a gestarse cuando el Hijo de Dios  se encarnó, cuando fue concebido en el seno de la Inmaculada Virgen María. Porque al asumir Dios mismo la humanidad, se incrusta lo divino en todo lo humano, y  todos los seres humanos que no se cierran a su influencia e irradiación que necesariamente es presente, prospectiva  y retroactiva, reciben bendición. Todos los seres humanos estamos en la misma situación de pecado como “hijos de Adán”, intercomunicados unos con otros en la misma desgracia ; pero todos también   unidos,  intercomunicados  en el nuevo Adán Cristo, llamados a la misma suerte, la dicha de la salvación de Jesucristo, el Hombre-Dios.

La base  fundamental de toda la salvación es la encarnación del Hijo de Dios. “El que confiesa que Jesucristo vino en carne mortal procede de Dios…y todo aquel que no confiesa a Jesús así, no procede de Dios, sino más bien del anticristo” (I Juan 4, 2).La Ascensión del Señor es la glorificación del cuerpo de Cristo, es la aceptación de parte del Padre de la carne humana. Porque ya nadie puede separar la humanidad de la divinidad de Cristo. El salió del Padre para llegar a este mundo, y después de su crucifixión y muerte vuelve junto al Padre, y es recibido por el Padre y los santos ángeles con júbilo. Y el Padre  hace sentar a su “Campeón y Triunfador” a su derecha, con toda majestad, gloria y poder, Señor de cielo y tierra, Rey de reyes. Y esta glorificación del Hijo del hombre es nuestra victoria y salvación. Porque estamos incluidos en Cristo, si es que no nos cerremos a su presencia y con excluyamos libremente.
Cuando Jesús resucita penetra todo el universo y llega también al “abismo”  de donde recoge y rescata a los que están esperando la salvación.
La glorificación del Señor comienza en el momento mismo de la muerte de Jesús.  El evangelio de Mateo menciona apocalípticamente que los muertos resucitan y se aparecen. (Mt. 27, 52-53). El Hijo vuelve junto al Padre. Pero recién “al tercer día” se nos mostrará. No sabemos por qué. Tal vez sólo María su Madre lo haya podido captar.
Durante “40 días” el Señor Resucitado se les aparece a los discípulos. De repente lo ven y se desaparece.  Se aparece en Galilea, se aparece en el cenáculo de Jerusalén, se aparece en Betania.¿En qué forma  aparece y en qué  forma desaparece?  Ante los discípulos de Emaús simplemente desaparece. En la montaña de Galilea lo ven subirse hacia arriba igual que en Betania cuando se despide
Hay que tener presente que  en esas apariciones el Señor se presenta cada vez  escondiendo su Gloria, ocultándola bajo otra forma bien carnal: un joven de ropa blanca, jardinero, peregrino, hombre junto al mar que busca pescado etc. Durante el tiempo pascual hasta la Ascensión al cielo Jesús resucitado se les aparece a los discípulos. Desde luego después de cada aparición Jesús vuelve junto al Padre. Al cabo de este tiempo suficientemente largo  de los “40 días” el Señor quiere hacer entenderá sus amigos  que ya no lo verán más y adaptándose a su comprensión se eleva ostentativamente y va subiendo hacia arriba hasta que la nube lo oculta a sus ojos, símbolo de la presencia divina.
Nuestra pobre carne mortal no aguanta la gloria del Resucitado.”. El Apóstol Juan, el íntimo amigo, en el Cap. 1, 17 del Apocalipsis al ver al Señor resucitado cae por el suelo.”Al ver esto caí a sus pies como muerto; pero Él, poniéndome encima su mano derecha, me dijo…”. Y en su primera carta Cap. 3 vs.2 dice:”Sabemos que cuando aparezca, seremos semejantes a Él porque lo veremos tal como Él es”. Sí, al ver la gloria del Resucitado seremos impactados en tal forma que Él nos invadirá y nos transformará en algo semejante a Él. Será el día del juicio universal y definitivo. Los del purgatorio serán purificados -¡ay, qué dolor! Y los que están vivos serán transformados, seguramente  muchos también con el gran dolor del purgatorio. Pero los que han creído y no se cerraron a Cristo y la verdad serán glorificados, hechos semejantes al cuerpo glorioso del Señor. Y los que se habrán cerrado a Cristo y la verdad se volverán monstruosos, encogidos sobre sí mismos, deformes.
 Pedro dice: “Él tiene que permanecer en el cielo hasta el tiempo de la restauración universal” (Hechos 3, 21). Comparémoslo  con Col.3, 3: “Ustedes están muertos y su vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando se manifieste Cristo que es vida de ustedes, entonces también ustedes aparecerán con él, llenos de gloria”.
La Ascensión del Señor al cielo nos desafía a creer en la Resurrección de la carne el último día y en la presencia de Cristo en medio de nosotros  “hasta el fin del mundo” (Mt. 28, 20). “Si ustedes han sido resucitados con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la diestra de Dios. Pongan su corazón en las cosas del cielo, no en las de la tierra” (Col. 3, 1).Y San Agustín añade: “Pues del mismo modo que Él subió sin alejarse por ello de nosotros, así también nosotros estamos ya con Él allí, aunque todavía no se haya realizado en nuestro cuerpo lo que se nos promete”. La Ascensión del Señor al cielo  nos invita a desear la meta de la gloria del cielo junto a Cristo que reina en el cielo.
El Señor está junto a nosotros, pero no lo vemos. Hemos de creer que está presente escondido en el pobre, el niño, en la comunidad, en la jerarquía. Nuestra gloria futura dependerá de nuestro comportamiento  para con el Cristo oculto. Lo que haremos o dejamos de hacer con el prójimo que nos necesita, lo hacemos o dejamos de hacer por Él.
Oración:
Concédenos, Señor, llenarnos de alegría al celebrar la gloriosa Ascensión de tu Hijo, y elevar a Ti una cumplida acción de gracias, pues el triunfo de Cristo es ya nuestra victoria, y ya que Él es la cabeza de la Iglesia, haz que nosotros, que somos su cuerpo, nos sintamos atraídos por una irresistible esperanza hacia donde Él nos precedió. Por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor. AMËN


                     PADRE CORNELIO FOUCHIER M.S.F.

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